lunes, 15 de enero de 2018

Yo también soy un Netflixman.





La testosterona funciona de formas muy raras. Cuando eres un niñato te convierte en un gilipollas enfadado con el mundo capaz de cosas tan crueles como colgar del perchero del fondo de la clase a un pobre crio de 9 años. Por suerte crecemos y por lo general nos adaptamos a su peculiar naturaleza. Salvo claro está por esas veces que le apetece concentrar el flujo sanguíneo en determinados músculos haciendo que mear a las 7:10 de la mañana sea una representación gráfica del trabajo de los bomberos en la fantástica película de 1974 “El coloso en llamas”.

Sin embargo de vez en cuando los tios tenemos un rapto de testosterona muy típico nuestro. Y es que cuando vemos una cosa que mola mucho, MUCHO ¡¡¡ PERO ES QUE MUCHISMO JODER COLEGA HOSTIA PUTA!!! pues entonces las redes sociales y esas cosas se nos quedan cortas. Estan bien, te lee quien le sale del prepucio igual que estais haciendo vosotros ahora mismo y es una cosa distinta. Pero el rollo ese de hablar directamente las cosas es muy de tíos y al final pues no nos queda otra que buscar la compañía de otros machos de la manada con la cual comentar el evento en cuestión.
Netflix es una cruenta máquina de hipocresía y especulación. Juega con nosotros en base a su peculiar algoritmo de recomendaciones. En cuanto terminas un producto ya te ofrece 17 nuevas sugerencias en 4k y Full HD para que no te despegues del sofá. No vaya a ser que te apetezca preguntarle a tu pareja si le apetece salir de casa el fin de semana o tal vez actividades tan disparatadas como por ejemplo el frungir. Buen trabajo Netflix, sigue así y la especie entera se extingue frente al plasma.

Aunque de forma cínica e hipócrita  ahora mismo critique la plataforma es más que evidente para el lector que lo hago porque en efecto soy un asiduo consumidor de sus menús Happy Meal por temporadas. Fruto de este ritualístico ágape televisivo acabo de meterme entre pecho y espalda una soberbia maratón de Devilman Crybaby.

Tal como he dicho antes a los tíos nos gusta cascar con otro par de cromosomas XY de lo que nos gusta. En virtud de esta conducta atávica del macho me he visto recientemente sometido al acoso y derribo de la susodicha serie por parte de mi compañero de trincheras editoriales Mimotaku. Me encantaría hacer oídos sordos a sus sugerencias, decir que su criterio en materia de subcultura es horrible y que paso mucho de seguir sus recomendaciones; pero los malditos tomos de Zatchbell de mi estantería me gritan: “¡CALLATE LA PUTA BOCA PAYASO QUE NO SABEMOS A QUE COJONES ESPERAS PARA VER LA SERIE QUE DICE TU COLEGA¡"
Y como no soy capaz de discutirle nada a la palabra escrita pues allá que me puse a ver el anime de marras.

Tranquilos pequeños aprendices de Walker Texas Rangers. Esta vez no voy a entrar en spoilers. Podeis volver a meter la escopeta en el maletero de vuestras Coñonetas.
La serie está a la altura de otras adaptaciones de Netflix. No repugna al fan porque le contenta con guiños y constantes referencias. Ofrece en cada episodio un plato de esa nostalgia prefabricada pero con sabor a freidora industrial a la que tan rápidamente se ha acostumbrado el público y que consume como si fuese un manjar divino. La puta ambrosía de badulaque directa a la smartTV.
Para el ojo observador aficionado a los dibujos animados de chinos es bien fácil distinguir que partes pertenecen al trabajo original de Gō Nagai y cuales son una mezcolanza hecha a partir de los Bitcoins que le han pagado al director, guionista y animador Masaaki Yuasa.

La serie tiene muchos defectillos que puedes pasar por alto y te pueden gustar más o menos dependiendo de lo mojigato e intransigente que te apetezca ser. Temas como el abuso del fanservice en forma de sesiones de pornografía y gore para tapar los flagrantes huecos narrativos son tan solo putas trivialidades frente al cáncer que vive en la médula ósea de esta serie.
Netflix es una criatura de temporadas. Exige como un dios tirano que una producción tenga por designios divinos determinada cantidad de episodios que compondrán una temporada. Es pues trabajo del director hacer la criba y saber qué es lo que adapta y que coño descarta. Y la verdad, coños ha descartado pocos porque de sexo no va precisamente cortita la historia.

Este nuevo anime tan solo tiene una temporada y yo entiendo que es jodido de pelotas meter un producto tan denso, viejuno y tan remasterizado como lo es Devilman en tan solo 10 capitulillos de veintipico minutos cada uno. Pero eso no es excusa para escoger tan de puta pena las historias que meter y desarrollarlas de forma tan lamentable. La serie tiene que ir sobre 3 personajes y sus relaciones llevandote a una idea que ofrece el autor. El caso es que en realidad la adaptación va sobre un montón de cosas que te dejan muy clarinete cual es la crítica social de la obra pero que te distraen sobremanera de la trama inicial que la soporta.

La cruda realidad es que soy un mierdaseca y no he sido capaz de llegar yo solito hasta esta conclusión. Conocía la franquicia en la que se basa la animación por algunos de sus spin offs y sub productos de época con cuestionable fidelidad al manga madre. Como desastroso Dante que soy en mi descenso a los infiernos he necesitado que el buen Virgilio Mimotaku me iluminase el sendero y me sacase de todos y cada uno de los errores en que mi visionado inicial me había encerrado. Creí haber visto un ánfora pero tan sólo había visto la sombra de una proyectada en la pared, y ni siquiera lo comprendía muy bien.

A lo que quiero llegar con esta esta vichyssoise de verborrea tan verbosa es hasta el hecho de que Netflix tiene un doble efecto muy peculiar en los aficionados a la animación japonesa. Les ofrece productos aceitosos y bien rebozados en esa nostalgia de poliuretano que les hace sentirse veinte años más jóvenes a lo largo de cada temporada pero a su vez les deja también con hambre. Y la única forma de salir de la caverna en forma de restaurante de comida rápida que es Netflix y acercarnos a la auténtica Ambrosía es plantarnos ante el producto original, el manga o la animación base y engullirla con el mismo ansia cultural que Cronos se zampaba a sus hijos. Relajad las tetas, ya guardo tanta mitología griega y rollos de Platón otra vez en el baúl no vaya a ser que aprendáis algo de la lectura de este post.

MORALEJA: Ir al McDonalds y ver Netflix está bien, pero follar con tu novia y leer mangas chulos mola más.