No parece descabellado pensar que en la
mente hay algo así como focos.
Si aceptamos que los hay es probable
imaginarse la mente como el escenario
de un teatro.
Un espacio en principio vacío y oscuro
que sólo se ilumina cuando alguien,
desde la cabina,
(probablemente tu)
enciende los focos que necesita para
verlo que ocurre en el escenario.
Y si esto es así, en algún punto
de la escena debe de haber un actor.
O mejor, un apuntador, que te va
diciendo lo que tienes que decir.
(Eso no tendrías que haberlo dicho)
Normalmente, ese técnico, osea
(probablemente tu)
iría encendiendo o apagando
los focos según se necesitase
iluminar partes del escenario
(de la mente)
ahora un recuerdo
(uno, dos, tres, cuatro)
Ahora una invención
(¿Mi mente es un escenario?)
Ahora un deseo
(uhmmm)
(siete,cuatro, ocho, dos)
Ahora todo se queda en blanco.
(tres,cuatro,seis)
...
...
...
El problema llega cuando
por cualquier razón
los focos empiezan a apagarse,
o a dejar de funcionar.
Hasta que sólo queda uno encendido.
El único foco que nos separa
de la oscuridad total.
Y poco a poco vamos acomodando
la vista a ese único foco.
Olvidando el resto del escenario.
Pensando que la pequeña parte
que ilumina es en realidad
todo el escenario,
toda la realidad.
Y entonces todo lo que tendría que ocurrir
en ese gran teatro
(Uno,tres seis) (Tu mente) (Eso no tendrías que haberlo dicho)
tiene apenas el diámetro de un foco.
Es muy poco espacio y demasiadas las cosas
que tienen que caber.
¿Mi mente es un escenario?
¿Probablemente tu?
Así que todo empieza a hablarse, a superponerse,
a repetirse sobre si mismo una y otra vez.
Hasta el infinito.
Las mismas voces diciendo siempre lo mismo.
(seis, cinco, siete, dos, tres, cuatro)
Y llenando todo el escenario ¿mi mente? ToDa LA ReaLiDaD.
Eso no tendrías que haberlo dicho.
Hasta llegar a una sola pregunta.
¿Esto ES MI MeNte?
O es la realidad.
Shhhh. Silencio.
Escucha...
Eso...dicen... es la locura.
No hay comentarios:
Publicar un comentario