miércoles, 11 de octubre de 2017

Serenade from the stars



De cuando en cuando echo mano a los estantes y busco alguna serie vieja. Y cuando digo vieja no quiero decir que sea de los tiempos de Robotech o de cuando el modem de 54 kb hacia los mismos ruidos que un grillo ardiendo en el infierno. Seamos claros. Cuando digo viejo en anime podría estar hablando en un período que va desde los cinco últimos años a los treinta que le han precedido. El desfase en este mundillo es algo que sucede rápido de cojones. Te descuidas dos temporadas y ya escuchas a la chavalada diciendo que Shingeki no Kyojin es un clásico. Por esa puta regla de tres mi bisabuela debía de estar enganchada a telenovelas como Clanad o Utena.

Para el caso, que me lio yo solo y me disperso rápido como el Nesquik.  Al final abrí el armario de la indiferencia para sacar a la luz algo añejo que me arrancase del sopor que me está ofreciendo el catálogo de anime de otoño. Es en esos momentos en los que vas revisando los cutremente pintarrajeados discos en el que te encuentras con uno que por algún motivo ni siquiera está rotulado. Primera reacción lógica.

-"Esta mierda tiene que ser porno. Lo separo y luego le echo un ojo".
Sigo repasando el catálogo serie a serie mientras voy haciendo descartes.
-"Demasiado larga, demasiado ñoña para mi estado emocional actual, demasiado shonen para un tio de 30 tacos..."

Cuando me quiero dar cuenta he vaciado todas las tarrinas de CDs y echado pestes de toda mi glamurosa colección de piratería vintage. Como no tengo claro que ver me resigno a lurkear por Crunchyroll un rato en busqueda de algo potable. En esto que voy volviendo a encerrar en su dungeon toda la morralla cuando el  brillo de un solitario DVD me llama por el rabillo del ojo desde el escritorio.

-"Coño, el disco de porno".

Cierro la puerta del armario y abro ese lector de DVDs que conservo conectado al sobremesa por vergüenza torera.

-"Hay que joderse, pues no era porno".

The legend of Black Heaven o Kacho-Ōji. Fijo que a buena parte ni siquiera os suena de que cojones está hablando el yayo Alverno. El caso es que esta serie pasó sin pena ni gloria por el visionado colectivo de su época pero la verdad es que rezuma mucho mas estilo que parte de la broza que hay ahora mismo en antena.
El argumento es simplón a más no poder. Una raza alienigena está enfrascada en una guerra interestelar en la cual su supervivencia depende completamente de un arma que funciona a base de la música de una vieja gloria del rock. Vale, ya lo se. Como excusa para una serie es una castaña, pero si le dais una oportunidad igual resulta que me dais la razón y no estoy tan jodidamente senil como aparento. El problema es que Gabriel el lider del grupo Black Haven ya no existe. Se ha reconvertido en Oji Tanaka. La vida familiar y la rutina han engullido su espiruto rockero hasta convertirlo en un chupatintas. Básicamente el pobre diablo es un picacódigo, el último mierda seca en su oficina. A mayores en su casa le dan mas bien poco cuartelillo y la vida familiar va haciendo mella en su espiritu heavy. Todo cambia cuando llega a la oficina una hembra despanpanante que parece que solo tiene ojos para el prota. La moza es una alien que ha venido en su busqueda expresamente para que con su música les permita decantar la batalla a su favor.
 Esa música obviamente es una parte vital de la serie. Las canciones se reciclan hasta decir basta pero de cara a la historia eso tiene su razón de ser. La balada del último episodio pone los pelos como escarpias. La animación es noventera y no va a gustar a los polluelos mas jóvenes. Las secuencias generadas por ordenador bajo nuestras perspectiva actual, y para la de la época, son un maloliente mojón sacado del mas deleznable autocad de economato. Pero bueno esto tampoco importa mucho porque el auténtico salseo de este anime son las reflexiones personales que uno saca de verla. Especialmente aquellas que vinculamos a la perdida de nuestros sueños. Esos que todos acabamos mandando a tomar por culo en pos de la estabilidad familiar y otras cosillas que componen nuestras anodinas existencias.
Esta es una de esas series de antes. Una serie en la que primaba muchísimo el contenido que sacas en limpio de su visualización. No tiene que ver con la tpípica serie de temporada con una carga visual importante, unos personajes carismáticos o un argumento original pero que al terminarla te deja más frio que el culo de Elsa tras cincuenta veces cantando Let it go.

Lo dicho. Dadle una oportunidad a esta peculiar serie porque para ver animes sobre adolescentes mojigatas que quieren convertise en idols teneis un quintal de ellas cada temporada pero para ver a viejas glorias del rock reconvertidos en sensatos padres de familia manteniendo afairs con mazizas alienigenas tan tolo teneis Black Heaven.

MORALEJA: "No es porno todo lo que reluce."

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